Enladrillado, la impermeabilización de antaño

A lo largo de la historia la humedad ha sido un problema común para ingenieros y arquitectos.

Alrededor del mundo diferentes estilos de construcción se han utilizado en un esfuerzo por mantener al “vital liquido” fuera de casa.

En ese afán por conseguir una protección de las estructuras de edificios y casas en la antigüedad, uno de los métodos más usados fue  el “enladrillado”, consiste en la colocación de ladrillos de barro rojo recocidos en posición de petatillo (se refiere al tejido de los tradicionales petates) preferentemente con una inclinación que ayude al agua a fluir para evitar encharcamientos en los techos.

Para reforzar su efecto, es común “lecharlo”, es decir recubrirlo, sobre todo en las fisuras entre ladrillo y ladrillo, con una mezcla de arena, cemento y agua que al endurecer forma una capa impermeabilizante.

En la actualidad este tipo de impermeabilización se puede ver en las edificaciones coloniales, como catedrales o palacios de gobierno.